Y, lo reconozco, aún me hace falta. Aunque sea precisamente para aquello que la conocida falacia existencialista le atribuye entidad: Para negarle.
¿Por qué? Porque vivo en un mundo en el que su imagen y su esencia lo impregna todo. Un mundo en el que el miedo salvaje, combinado con los miles de estimulos y ofertas y con la retórica demagoga más vil hacen que su esencia, dentro de su intexistencia, sea casi palpable.
Igual que con Papá Noel en navidades que, para no existir el puñetero gordo no hace más que aparecer hasta en la forma de los fideos. Pues con él pasa lo mismo pero siempre, en todo lugar y en todo momento. Por algo se le atribuyen propiedades, omnipresentes, omnipotentes y omiscientes. ¿no?
Es el paradigma del viejo principio que se oye a veces referido a algo especialmente remarcable: "Es tan bueno que si no existiera habría que inventarlo" con la particularidad de que, se podría transmutar por "Es tan RENTABLE que, dado que NO EXISTE, hay que REINVENTARLO UNA Y OTRA VEZ".
Y así es. La estabilidad emocional, metafísica, política, económica y social de tanta genta; la justificación nacional, social, religiosa, teórica y práctica de tantas instituciones y macroestructuras dependen tanto de su existencia, de ese axioma culturalemte imbricado en nuestra conciencia que, dado que no se escatiman gastos para hacer que millones de hombres pogan su confiaza en Audi, Coca-cola, Nike o Disney, ¡cuánto más cuando lo que está en juego es tan necesario, tan imprescindible...!
A veces son meras trivialidades; incongruencias de sentido común que sólo te das cuenta de ellas cuando alguien te llama la atención ¿no? Como el hecho de plantearse que todo el tinglado está basado en algo tan subjetivo y tan personal como la creencia intima de una persona. Como si, metafóricamente hablando, el hecho de que una persona tenga una seguridad ciega de que existe un enorme ser verde y peludo que habla inglés y le protege de todo mal justificase la existencia de la Gran Repçublica Independiente de Muzzy (Big Muzzy) en la que estuviera explicado hasta el porqué de los grados de inclinación de sus antenas. ¿Absurdo? No sé. Yo lo veo muy real.
Otras veces oigo hablar de santos, milagros, apariciones, prodigios, creencias, advocaciones... algo tan absurdamente arbitrario, tan lejos del sentido común que me resulta hasta insultante hacer notar las inconsistencias, hasta de mal gusto para una persona medianamente razonable, y me pasmo y me obnubilo cuando veo a muchos conocidos de los que no me cabe duda de su capacidad y de su raciocinio, siguiendo a pies juntillas y sin el menor atisbo de planteamiento las tradiciones seculares. ¡y defendiéndolas como bienes propios de la humanidad!.
No doy crédito. Ni lo daré.
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