viernes, 10 de abril de 2009

Mentiras a medias

"Mira, ¿sabes lo que mas odio en esta vida? La falseda'. Eso de ir con la cara sonriente de frente y, en cuanto te das la vuelta, que estén ahí run-rún, run-rún... soltándote to la bilis y poniendote a caldo. Porque yo soy una persona que voy de cara ¿sabes? Y si tengo algo que decir, pues lo digo y punto, le joda a quien le joda. Vamos... ¡pues buena soy yo...! Ahí y sin medias tintas. Y si tengo que decirte a ti ahora mismo que eres un mierda, pues voy y te lo digo y me quedo tan ancha ¿sabes? Porque lo que hay que hacer es decir las cosas y no andar con hipocresías y falsedades. Porque la falsedad hace mucho daño, que a mi me han jodido mucho en esta vida. Y yo antes no era así... que me callaba mucho, pero a base de hostias yo cambié y dije ¡Una y no más! y ahora lo que digo.. lo digo y no hay más que hablar."

Y gesticulaba y alzaba una voz con curioso deje aguardentoso y estentoreo, acompañaba también cada frase con palmetazos en las rodillas y floreos casi flamencos de bofetada simulada al aire.

Seguía hilvanando argumentos sin dejar de parlotear, anecdota tras anécdota y razón tras razón. Rehuía mi mirada serena y me hacía gestos de complicidad. Yo me fijaba en la curvatura de su boca, hacia abajo como la máscara triste del teatro, como si ese rictus - que me recordaba a alguna foto de Mussolini - remarcara de forma más tajante su diatriba.

A mi, que suelo evitar las generalizaciones, me jode que me las pongan a huevo y encotrar reflejos a su actitud en tantos estereotipos. En patios de luces de barrios obreros, entre las madonnas napolitanas, en un mercado en La Habana o las tipicas madres judías de Queens.

Y ella se lo creía; estaba compeltamente convencida de su verdad y no se daba cuenta de que se mentía.

Lo que duele, lo que hace daño, es la verdad.

Se puede vivir muy feliz rodeado de mentirosos (siempre y cuando no usen la mentira contra tu integridad) de la misma manera que hay quien vive en su particular mentira metafísica aferrada a un Diós hecho a su medida.

Pero líbreme la vida de un sincero, sus palabras sangran antes incluso de llegar a la herida.

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