El dolor me parecía insoportable, intenso pero impreciso como un atardecer industrial. Mis ojos acuosos, casi licuados por las lágrimas y el humo apenas podían perfilar lo que tenía delante de mi. El cuerpo no me respondía, estaba inmovil y el sufrimiento me paralizaba y me impedía avanzar.
Lo peor es que no sabía qué era lo que me tenía en ese estado y día tras día el peso del bajo vientre, casi entumecido por la presión me clavaba en una existencia miserable y rota.
Ellos estaban ahí casi desde el principio. Podía sentir sus palabras de aliento, su apoyo y su preocupación. Sus manos en mi hombro, sus caricias en la espalda, sus miradas asertivas de quien ve degollar un cordero... Sus mensajes volaban a mi alrededor como moscas en verano.
"Debes seguir adelante", "No mires atrás", "no te rindas, avanza", "Tú puedes hacerlo, te ayudaremos a dar el siguiente paso", "Venga, ánimo, no te pares, no te dejes vencer..".
Yo no quería defraudarles, ¡Tenía tantas ganas de dejar de llorar!, ¡Tenía tánto por lo que enpeñarme en salir del miedo, del dolor y del vacio...! Y lo intente, cada momento, con cada abrazo, sabiendo que, como me decían, la felicidad estaba allí adelante, que el futuro me esperaba. Probablemente mañana o al día siguiente consiguiera vencer... Solo hacía falta otro pasito más, y otro.. y otro.
Entonces alguien, no sé ni quién, me abrió los ojos.
Me hizo parar un momento y mirarme a mi mismo... y entonces lo vi claro.
Vi que lo que me hacia daño era una larga lanza. Una lanza de hierro que estaba clavada en mi vientre y que tenía el otro extremo fuertemente anclado en el suelo, que me estaba sosteniendo de pié, pero que, a cada paso, abría y se adentraba en mis entrañas. Y vi que, además, lo que tenía que hacer era precisamente retroceder, mirar atrás, alejarme y dejar que la terrible pulla resbalara suavemente de mi cuerpo y cayera al suelo con un sonido metálico.
Lo comprendí demasiado tarde. Había avanzado tanto gracias a su apoyo, a sus consejos y a su amor, que la punta de mi vida me había atravesado el corazón.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario