Otro número en la pantalla:
- "¿Si?..."
- "Buenos días, le llamo de MoviStar, mi nombre es Ramiro Reyes, ¿Es usted el usuario de la línea 652234318?"
- "Si, pero ahora no puedo atenderle..." -
La voz tenía un cierto matiz de urgencia. Ansioso aunque sin perder la corrección. Extranjero seguro. Del Este por ese acento que sonaba a eslavo, seguro que tendría que ofrecerle Tarjeta. Durante una décima de segundo barajé el deseo de que no hubiera problemas con el idioma.
- "Solamente necesito unos minutos nada más para presentarle nuestra oferta. Se trata de cambiar a nuestra compañía de forma totalmente gratuita..."
- "De veras que ahora no puedo atenderle, señor. Perdoneme..".
La verdad es que odio que me interrumpan. Me saca de mis casillas porque me rompe el ritmo del guión, me pierdo y no sé que decir ni cómo seguir. A este se le nota un poco atragantado, debo pensar en algo rápido antes de que me cuelgue que tengo una mañanita hoy.... Además mi media está por los suelos este mes, necesito vender un par de ellas cuanto antes y encima los de calidad ya me han tocado los huevos hoy...
- "Solamente será un momento nada más, no le haré perder mucho tiempo, de veras. Sólo quiero que escuche nuestra oferta." - Hablaré rápido a ver si así no me cuelga - "Me gustaría hacerle unas preguntas para poder adecuar nuestros servicios a sus necesidades. ¿Le importaría decirme con qué compañía tiene usted contratada la telefonía móvil?...".
- "De veras que lo siento pero..." - oigo de fondo el resuello ¿Estará corriendo o algo?Joder qué gente - "le aseguro que en este momento me resulta im...".
¡POW!
Un estallido seco, reverberante. Pego un respingo en el box. Me doy un manotazo para quitarme el headset, no lo consigo y queda colgando de un auricular en mi oreja. Sigo escuchando. Una serie de sonidos van tomando forma, creando una imagen en mi imaginación a medida que se suceden: Un fardo, un cuerpo, algo pesado y blando golpea el suelo.
//(Lo reconstruyo en medio del shock, como se desliza y se desploma, el susurro de la ropa que lleva puesta, el golpe algo más granuloso de la cabeza contra el asfalto, el rumor de la forma que se asienta sobre el suelo tras caer desequilibrada y un intenso color negro en las nubes, y gris en el cielo, gris piedra en las paredes y ocre arenoso en el aire. Gris en unos ojos que no veo, que aparecen en mi mente y que se rompen, que se vuelven acuosos brillantes, y el color azul plata en el brillo del objeto que se desprende de su mano...)//
Un tamborileo estrepitoso en el auricular,
//(La tapa, gris plomo, se desprende pero la batería, milagrosamente continúa en su sitio. La pantalla, brillante con el aviso de llamada en curso aún en ella, se rasga de arriba a abajo con un corte de vidrio que la divide en dos, pero no llega a desarmarse)//.
Entonces, ruido blanco...(la ciudad sigue su rutina ajena a lo que sucede en un descampado del suburbio).
- "¿Oiga..?, ¿Sigue ahí...?, ¿Buenos dias...?" -
La ciudad que imagino en mi cabeza no me sabe responder, en el fondo sé que no necesito una respuesta, pero la costumbre y la rutina son poderosas fuerzas que arrastran mis palabras como la marea. Acerco mi dedo al botón que libera la línea mientras imágenes rebotan entre los auriculares, una cara sin rostro, sangre y quietud, mietras acierto a recitar con voz nerviosa, como un autómata la retahila de despedida.
Irónico el acordarse ahora de las auditorías:
- "Bien, le recuerdo que si desea más información puede dirigirse al número gratuito 14 85..."
- "..."
Se oyen pasos sobre la grava, se acercan.
- "...o bien en nuestra página web..." -
susurros de tela frotada, ropa que se roza al rebuscar, un ruido corredizo en primer plano, el terminal que retumba al ser recogido del suelo.
- "tres uves dobles punto Movistar punto com o en nuestros distribuidores..."
Otra voz, rasposa, me interrumpe:
- "¿Si..? ¿Quién es...?-
Me deja unos segundos en blanco...
- "Ajá"- continúo despistado...- "Veo que sigue con nosotros..."
- "Lo siento, pero el usuario de esta linea ya no puede contestarle" - me contesta con tono silbante - "Ya no se encuentra... operativo".
Un escalofrío recorre mi espinazo. Juraría que hasta he notado su sonrisa. Trago saliva mientras acerco nuevamente el brazo al botón de finalizar la llamada. Me detengo. La idea me golpea en un instante. Respiro hondo, total ¿que tengo que perder..?
- "Y usted, ¿Con qué compañía tiene su telefonía móvil..?"
sábado, 11 de abril de 2009
El buen avío
El gallo rajó la madrugada alborotando el corral. La mísera luz se abría paso allá tras el otero Maillo y desperezaba progresivamente la naturaleza de las granjas de los aledaños. Las que más bulla hacían: las golondrinas. El chillido picaba en los oídos de los durmientes del pueblo, aunque Joaquín el panadero llevaba ya un rato amasando.
Macario abrió el ojo al tercer canto, lo paseó por la mesita y lo fijó en el reloj que fosforescía serio. Las seis y diez.
“¡Cagüen...!”.
Cinco horas de sueño no le habían cundido nada y seguía baldado pero había que levantarse, que hoy venía el proveedor de Villaza y había que pasar antes por la huerta. Rebulló un poco entre las sábanas y echó la mano atrás hasta palmearle el culete para que dejara de roncar. Fermín soltó un quejido de entresueño y se empezó a desperezar.
- “¡Venga..!, ¡P’arriba, ostia...!” – Macario ya se estaba incorporando y Fermín se dio la vuelta para abrazarle en plan juguetón. - “Vente pa’acá un ratín, anda...”
- “No empieces, que estoy hecho polvo.” – Fermín ya se le había enganchado al cuello y se dejó hacer, divertido. Su morro raspó como el belcro entre las dos caras sin afeitar.
– “Que estoy baldao, joer..” – Fermín le metió la mano en el calzoncillo. – “Deja que te haga yo...”
Tras la faena y el arrumaco, ambos se fueron levantando, cada uno por un lado de la cama. La rutina de todos los días:
“Dónde está mi calcetin”, “Voy yo primero, que me meo”, “¿Vas pa la era?”, “ Luego, ahora voy arriba”, “Dale un besín a Merce y al niño de mi parte y si ves a Valentina, dile que me traiga mudas, que ya no me quedan”, “Vaale, ya se lo digo”, “Joder que bestia eres, macho.. me diste ayer una hostia aquí en la cadera...”, “ Fue sin querer, no seas nenaza”.
Mientras Macario se pegaba una ducha, Fermín, abrochándose el pantalón, subió al piso de arriba a despertar a las mujeres. Se las encontró haciendo la cama entre las dos. Merche se dio la vuelta y besó en la mejilla a Fermín.
– “¿qué hay cielo?, Uff.. que peste” – se separó violentamente, - “habeis estado dándole ¿eh?. Apestas a cama. Anda.. date una ducha ahora mismo que ya te hago yo el café”.
Fermín se rió: – “Cagüento... como si vosotras fuerais aquí las santas del pueblo, no te jode..”
– “a ti te vamos a decir lo que hacemos o no, gañán” - remedó Valentina dándole un azotito cariñoso según pasaba a su lado.
-“Ah, por cierto, Valen...” – le dio el recado de Macario.
– “¿Mas mudas?, Pero ¿qué hacéis con ellas?, ¿os las coméis?” -
Fermín carcajeó aprovechando la oportunidad
- “¡A ti te lo voy a decir.. gañana!”.
Merce le acompaño la carcajada pero Valentina siguió como si no hubiera dicho nada, a lo suyo.
-“Le compro luego un par donde Manuela, según baje ¿me acompañas Merce?”
-“Venga, vale, que tengo que ir a por un par de latas y pescao. Ayúdame ahora con el café”
-“Calla, que Macario tiene que estar ya bufando por el cola–cao” –
Las chicas se besaron golosamente y se alejaron mirándose a los ojos. Merche terminó de recoger la ropa y le puso un traje limpio a Fermín encima de la cama, para cuando saliera.
Mientras tanto, el día seguía estirándose y despabilando bostezos en la vieja meseta castellana. El rugido de los tractores y de los motores de las acequias le iban dando el pulso acelerado a la mañana y el sacristán ya saltaba abrazando la soga de la campana de la primera misa. Las comadres trotaban apuradas esquivando las reses de Damián y el calor del sol avivaba los olores del heno y las boñicas que se mezclaban con el del humo, el café con leche y los primeros sofritos de las cocinas.
Macario abrió el ojo al tercer canto, lo paseó por la mesita y lo fijó en el reloj que fosforescía serio. Las seis y diez.
“¡Cagüen...!”.
Cinco horas de sueño no le habían cundido nada y seguía baldado pero había que levantarse, que hoy venía el proveedor de Villaza y había que pasar antes por la huerta. Rebulló un poco entre las sábanas y echó la mano atrás hasta palmearle el culete para que dejara de roncar. Fermín soltó un quejido de entresueño y se empezó a desperezar.
- “¡Venga..!, ¡P’arriba, ostia...!” – Macario ya se estaba incorporando y Fermín se dio la vuelta para abrazarle en plan juguetón. - “Vente pa’acá un ratín, anda...”
- “No empieces, que estoy hecho polvo.” – Fermín ya se le había enganchado al cuello y se dejó hacer, divertido. Su morro raspó como el belcro entre las dos caras sin afeitar.
– “Que estoy baldao, joer..” – Fermín le metió la mano en el calzoncillo. – “Deja que te haga yo...”
Tras la faena y el arrumaco, ambos se fueron levantando, cada uno por un lado de la cama. La rutina de todos los días:
“Dónde está mi calcetin”, “Voy yo primero, que me meo”, “¿Vas pa la era?”, “ Luego, ahora voy arriba”, “Dale un besín a Merce y al niño de mi parte y si ves a Valentina, dile que me traiga mudas, que ya no me quedan”, “Vaale, ya se lo digo”, “Joder que bestia eres, macho.. me diste ayer una hostia aquí en la cadera...”, “ Fue sin querer, no seas nenaza”.
Mientras Macario se pegaba una ducha, Fermín, abrochándose el pantalón, subió al piso de arriba a despertar a las mujeres. Se las encontró haciendo la cama entre las dos. Merche se dio la vuelta y besó en la mejilla a Fermín.
– “¿qué hay cielo?, Uff.. que peste” – se separó violentamente, - “habeis estado dándole ¿eh?. Apestas a cama. Anda.. date una ducha ahora mismo que ya te hago yo el café”.
Fermín se rió: – “Cagüento... como si vosotras fuerais aquí las santas del pueblo, no te jode..”
– “a ti te vamos a decir lo que hacemos o no, gañán” - remedó Valentina dándole un azotito cariñoso según pasaba a su lado.
-“Ah, por cierto, Valen...” – le dio el recado de Macario.
– “¿Mas mudas?, Pero ¿qué hacéis con ellas?, ¿os las coméis?” -
Fermín carcajeó aprovechando la oportunidad
- “¡A ti te lo voy a decir.. gañana!”.
Merce le acompaño la carcajada pero Valentina siguió como si no hubiera dicho nada, a lo suyo.
-“Le compro luego un par donde Manuela, según baje ¿me acompañas Merce?”
-“Venga, vale, que tengo que ir a por un par de latas y pescao. Ayúdame ahora con el café”
-“Calla, que Macario tiene que estar ya bufando por el cola–cao” –
Las chicas se besaron golosamente y se alejaron mirándose a los ojos. Merche terminó de recoger la ropa y le puso un traje limpio a Fermín encima de la cama, para cuando saliera.
Mientras tanto, el día seguía estirándose y despabilando bostezos en la vieja meseta castellana. El rugido de los tractores y de los motores de las acequias le iban dando el pulso acelerado a la mañana y el sacristán ya saltaba abrazando la soga de la campana de la primera misa. Las comadres trotaban apuradas esquivando las reses de Damián y el calor del sol avivaba los olores del heno y las boñicas que se mezclaban con el del humo, el café con leche y los primeros sofritos de las cocinas.
La vuelta al hogar
La fiesta bendita y maldita de sangre
ya cedió ante el peso de la madrugada.
Las sombras se quiebran, aladas, huidizas
y empujan mis pasos al amor de la cripta.
Ya me encuentro ahíto, ya rezumo suero
por las comisuras de la cueva angosta
detrás quedan yertos, livianos, vacios,
los sacos de vida que apuró mi hambre.
¡Que noche gozosa de vicio y ternura!
¡que dolor sublime!, ¡Que luna de plata!
¡ah del dulce plasma, tibio en cada orgasmo!
¡salvaje sangría entre mis riñones!
Zumban en mis sienes llantos y suspiros,
lujuria y delirio, sexo, y hambre, y miedo.
Y se apagan tenues con la bruma clara
que invita al rocío a salpicar el día.
Ya abrazo mi lecho y el beso de piedra
calma progresivo la fiebre, el tropismo
la risa volcánica se vuelve apacible
y cierro mis ojos a morir de nuevo.
El olor a tierra arropará mi sueño
de rigor podrido, de frío cadáver.
Hasta que el ocaso llame nuevamente
a sacar mis dientes a brillar desnudos.
ya cedió ante el peso de la madrugada.
Las sombras se quiebran, aladas, huidizas
y empujan mis pasos al amor de la cripta.
Ya me encuentro ahíto, ya rezumo suero
por las comisuras de la cueva angosta
detrás quedan yertos, livianos, vacios,
los sacos de vida que apuró mi hambre.
¡Que noche gozosa de vicio y ternura!
¡que dolor sublime!, ¡Que luna de plata!
¡ah del dulce plasma, tibio en cada orgasmo!
¡salvaje sangría entre mis riñones!
Zumban en mis sienes llantos y suspiros,
lujuria y delirio, sexo, y hambre, y miedo.
Y se apagan tenues con la bruma clara
que invita al rocío a salpicar el día.
Ya abrazo mi lecho y el beso de piedra
calma progresivo la fiebre, el tropismo
la risa volcánica se vuelve apacible
y cierro mis ojos a morir de nuevo.
El olor a tierra arropará mi sueño
de rigor podrido, de frío cadáver.
Hasta que el ocaso llame nuevamente
a sacar mis dientes a brillar desnudos.
Mi vida sin él
Y, lo reconozco, aún me hace falta. Aunque sea precisamente para aquello que la conocida falacia existencialista le atribuye entidad: Para negarle.
¿Por qué? Porque vivo en un mundo en el que su imagen y su esencia lo impregna todo. Un mundo en el que el miedo salvaje, combinado con los miles de estimulos y ofertas y con la retórica demagoga más vil hacen que su esencia, dentro de su intexistencia, sea casi palpable.
Igual que con Papá Noel en navidades que, para no existir el puñetero gordo no hace más que aparecer hasta en la forma de los fideos. Pues con él pasa lo mismo pero siempre, en todo lugar y en todo momento. Por algo se le atribuyen propiedades, omnipresentes, omnipotentes y omiscientes. ¿no?
Es el paradigma del viejo principio que se oye a veces referido a algo especialmente remarcable: "Es tan bueno que si no existiera habría que inventarlo" con la particularidad de que, se podría transmutar por "Es tan RENTABLE que, dado que NO EXISTE, hay que REINVENTARLO UNA Y OTRA VEZ".
Y así es. La estabilidad emocional, metafísica, política, económica y social de tanta genta; la justificación nacional, social, religiosa, teórica y práctica de tantas instituciones y macroestructuras dependen tanto de su existencia, de ese axioma culturalemte imbricado en nuestra conciencia que, dado que no se escatiman gastos para hacer que millones de hombres pogan su confiaza en Audi, Coca-cola, Nike o Disney, ¡cuánto más cuando lo que está en juego es tan necesario, tan imprescindible...!
A veces son meras trivialidades; incongruencias de sentido común que sólo te das cuenta de ellas cuando alguien te llama la atención ¿no? Como el hecho de plantearse que todo el tinglado está basado en algo tan subjetivo y tan personal como la creencia intima de una persona. Como si, metafóricamente hablando, el hecho de que una persona tenga una seguridad ciega de que existe un enorme ser verde y peludo que habla inglés y le protege de todo mal justificase la existencia de la Gran Repçublica Independiente de Muzzy (Big Muzzy) en la que estuviera explicado hasta el porqué de los grados de inclinación de sus antenas. ¿Absurdo? No sé. Yo lo veo muy real.
Otras veces oigo hablar de santos, milagros, apariciones, prodigios, creencias, advocaciones... algo tan absurdamente arbitrario, tan lejos del sentido común que me resulta hasta insultante hacer notar las inconsistencias, hasta de mal gusto para una persona medianamente razonable, y me pasmo y me obnubilo cuando veo a muchos conocidos de los que no me cabe duda de su capacidad y de su raciocinio, siguiendo a pies juntillas y sin el menor atisbo de planteamiento las tradiciones seculares. ¡y defendiéndolas como bienes propios de la humanidad!.
No doy crédito. Ni lo daré.
¿Por qué? Porque vivo en un mundo en el que su imagen y su esencia lo impregna todo. Un mundo en el que el miedo salvaje, combinado con los miles de estimulos y ofertas y con la retórica demagoga más vil hacen que su esencia, dentro de su intexistencia, sea casi palpable.
Igual que con Papá Noel en navidades que, para no existir el puñetero gordo no hace más que aparecer hasta en la forma de los fideos. Pues con él pasa lo mismo pero siempre, en todo lugar y en todo momento. Por algo se le atribuyen propiedades, omnipresentes, omnipotentes y omiscientes. ¿no?
Es el paradigma del viejo principio que se oye a veces referido a algo especialmente remarcable: "Es tan bueno que si no existiera habría que inventarlo" con la particularidad de que, se podría transmutar por "Es tan RENTABLE que, dado que NO EXISTE, hay que REINVENTARLO UNA Y OTRA VEZ".
Y así es. La estabilidad emocional, metafísica, política, económica y social de tanta genta; la justificación nacional, social, religiosa, teórica y práctica de tantas instituciones y macroestructuras dependen tanto de su existencia, de ese axioma culturalemte imbricado en nuestra conciencia que, dado que no se escatiman gastos para hacer que millones de hombres pogan su confiaza en Audi, Coca-cola, Nike o Disney, ¡cuánto más cuando lo que está en juego es tan necesario, tan imprescindible...!
A veces son meras trivialidades; incongruencias de sentido común que sólo te das cuenta de ellas cuando alguien te llama la atención ¿no? Como el hecho de plantearse que todo el tinglado está basado en algo tan subjetivo y tan personal como la creencia intima de una persona. Como si, metafóricamente hablando, el hecho de que una persona tenga una seguridad ciega de que existe un enorme ser verde y peludo que habla inglés y le protege de todo mal justificase la existencia de la Gran Repçublica Independiente de Muzzy (Big Muzzy) en la que estuviera explicado hasta el porqué de los grados de inclinación de sus antenas. ¿Absurdo? No sé. Yo lo veo muy real.
Otras veces oigo hablar de santos, milagros, apariciones, prodigios, creencias, advocaciones... algo tan absurdamente arbitrario, tan lejos del sentido común que me resulta hasta insultante hacer notar las inconsistencias, hasta de mal gusto para una persona medianamente razonable, y me pasmo y me obnubilo cuando veo a muchos conocidos de los que no me cabe duda de su capacidad y de su raciocinio, siguiendo a pies juntillas y sin el menor atisbo de planteamiento las tradiciones seculares. ¡y defendiéndolas como bienes propios de la humanidad!.
No doy crédito. Ni lo daré.
viernes, 10 de abril de 2009
Ciertas felicidades
Fue ya al final de la explicación, cuando iban a ensayar otra vez las oraciones. Los niños del grupo se movían inquietos en el banco de madera y alguno de los extremos empezaba a juguetear con el reclinatorio.
El joven seminarista, sin abandonar su sonrisa trataba de remedar aquella colorida visión de las penas infernales que un par de días antes había escuchado en la voz de su confesor en los ejercicios espirituales aunque, a juzgar por las caras de aburrimiento de los chavales, sin mucho éxito. Sobre todo porque no le parecía adecuado, para oidos de menos de nueve años, algunas de las jugosas descripciones que recordaba (¡Y con que santo y culpable gozo...): Aquellas llagas supurantes; aquella sensación de intenso dolor por el fuego, eternamente purificador; aquel hacinamiento de los cuerpos desencajados y retorcidos de los condenados, sin apenas espacio para mover sus maltratadas carnes; aquel sollozo continuo y aterrador; aquellas eternas burlas de los siervos del Maligno mientras flagelaban a los impíos...
Nadie lo pintaba como Don Saturio, nadie daba a sus palabras y a sus descripciones ese delicioso horror al pecado y esa sensación de inexorabilidad de la consecuencia del desacato divino. Y él, por mucho que se esforzara, no podía. No quería que los pobres comulgandos tuvieran las pesadillas que él llevaba dos días padeciendo, y además estaban los padres que por poco menos se ponían...
"Pero.." - pensó- "quizá lo de los diablos y sus torturas, (convenientemente rebajado, eso sí) podía conseguir darles algo de ese santo miedo al mal, de esa piadosa aflicción que tan bien les va a servir en su futura vida como pecadores" y decidió rematar su clase con varias pinceladas groseras sobre criaturas satánicas horribles que reían mientras azotaban a los condenados, que se burlaban y se aprovechaban de pecadores y pecadoras por los siglos de los siglos.
Ya se sabe como son estos críos... lo mismo están jugando con el catecismo como se les ve absortos con un relato cualquiera.
Una voz, inocente y curiosa se alzó entre el murmullo de los compañeros
- "¿Y entonces...?, ¿los demonios se lo pasan bien haciendo que los que son malos sufran eso que dices?"
- "¡Claro!.. Para ellos el dolor de los hombre y su condenación es lo que más les divierte"- siguió el catequista animado por la pregunta - "Hacen lo que sea para que los hombre pequemos y así puedan torturarnos y hacernos sangrar por toda la enternidad"
Esto último, ahuecando la voz y agitando los brazos como si ya se viera en el púlpito.
Y así, con toda la inocencia de la niñez, con el ceño fruncidito por la duda y y unos enormes ojos oscuros enmarcados en una cara redonda embutida en el traje de los domingos.. la pregunta cayó como una maza sobre la ínquebrantable fe del profesor.
- "Entonces.. los demonios ¿son... felices?"
El joven seminarista, sin abandonar su sonrisa trataba de remedar aquella colorida visión de las penas infernales que un par de días antes había escuchado en la voz de su confesor en los ejercicios espirituales aunque, a juzgar por las caras de aburrimiento de los chavales, sin mucho éxito. Sobre todo porque no le parecía adecuado, para oidos de menos de nueve años, algunas de las jugosas descripciones que recordaba (¡Y con que santo y culpable gozo...): Aquellas llagas supurantes; aquella sensación de intenso dolor por el fuego, eternamente purificador; aquel hacinamiento de los cuerpos desencajados y retorcidos de los condenados, sin apenas espacio para mover sus maltratadas carnes; aquel sollozo continuo y aterrador; aquellas eternas burlas de los siervos del Maligno mientras flagelaban a los impíos...
Nadie lo pintaba como Don Saturio, nadie daba a sus palabras y a sus descripciones ese delicioso horror al pecado y esa sensación de inexorabilidad de la consecuencia del desacato divino. Y él, por mucho que se esforzara, no podía. No quería que los pobres comulgandos tuvieran las pesadillas que él llevaba dos días padeciendo, y además estaban los padres que por poco menos se ponían...
"Pero.." - pensó- "quizá lo de los diablos y sus torturas, (convenientemente rebajado, eso sí) podía conseguir darles algo de ese santo miedo al mal, de esa piadosa aflicción que tan bien les va a servir en su futura vida como pecadores" y decidió rematar su clase con varias pinceladas groseras sobre criaturas satánicas horribles que reían mientras azotaban a los condenados, que se burlaban y se aprovechaban de pecadores y pecadoras por los siglos de los siglos.
Ya se sabe como son estos críos... lo mismo están jugando con el catecismo como se les ve absortos con un relato cualquiera.
Una voz, inocente y curiosa se alzó entre el murmullo de los compañeros
- "¿Y entonces...?, ¿los demonios se lo pasan bien haciendo que los que son malos sufran eso que dices?"
- "¡Claro!.. Para ellos el dolor de los hombre y su condenación es lo que más les divierte"- siguió el catequista animado por la pregunta - "Hacen lo que sea para que los hombre pequemos y así puedan torturarnos y hacernos sangrar por toda la enternidad"
Esto último, ahuecando la voz y agitando los brazos como si ya se viera en el púlpito.
Y así, con toda la inocencia de la niñez, con el ceño fruncidito por la duda y y unos enormes ojos oscuros enmarcados en una cara redonda embutida en el traje de los domingos.. la pregunta cayó como una maza sobre la ínquebrantable fe del profesor.
- "Entonces.. los demonios ¿son... felices?"
Fábula
El dolor me parecía insoportable, intenso pero impreciso como un atardecer industrial. Mis ojos acuosos, casi licuados por las lágrimas y el humo apenas podían perfilar lo que tenía delante de mi. El cuerpo no me respondía, estaba inmovil y el sufrimiento me paralizaba y me impedía avanzar.
Lo peor es que no sabía qué era lo que me tenía en ese estado y día tras día el peso del bajo vientre, casi entumecido por la presión me clavaba en una existencia miserable y rota.
Ellos estaban ahí casi desde el principio. Podía sentir sus palabras de aliento, su apoyo y su preocupación. Sus manos en mi hombro, sus caricias en la espalda, sus miradas asertivas de quien ve degollar un cordero... Sus mensajes volaban a mi alrededor como moscas en verano.
"Debes seguir adelante", "No mires atrás", "no te rindas, avanza", "Tú puedes hacerlo, te ayudaremos a dar el siguiente paso", "Venga, ánimo, no te pares, no te dejes vencer..".
Yo no quería defraudarles, ¡Tenía tantas ganas de dejar de llorar!, ¡Tenía tánto por lo que enpeñarme en salir del miedo, del dolor y del vacio...! Y lo intente, cada momento, con cada abrazo, sabiendo que, como me decían, la felicidad estaba allí adelante, que el futuro me esperaba. Probablemente mañana o al día siguiente consiguiera vencer... Solo hacía falta otro pasito más, y otro.. y otro.
Entonces alguien, no sé ni quién, me abrió los ojos.
Me hizo parar un momento y mirarme a mi mismo... y entonces lo vi claro.
Vi que lo que me hacia daño era una larga lanza. Una lanza de hierro que estaba clavada en mi vientre y que tenía el otro extremo fuertemente anclado en el suelo, que me estaba sosteniendo de pié, pero que, a cada paso, abría y se adentraba en mis entrañas. Y vi que, además, lo que tenía que hacer era precisamente retroceder, mirar atrás, alejarme y dejar que la terrible pulla resbalara suavemente de mi cuerpo y cayera al suelo con un sonido metálico.
Lo comprendí demasiado tarde. Había avanzado tanto gracias a su apoyo, a sus consejos y a su amor, que la punta de mi vida me había atravesado el corazón.
Lo peor es que no sabía qué era lo que me tenía en ese estado y día tras día el peso del bajo vientre, casi entumecido por la presión me clavaba en una existencia miserable y rota.
Ellos estaban ahí casi desde el principio. Podía sentir sus palabras de aliento, su apoyo y su preocupación. Sus manos en mi hombro, sus caricias en la espalda, sus miradas asertivas de quien ve degollar un cordero... Sus mensajes volaban a mi alrededor como moscas en verano.
"Debes seguir adelante", "No mires atrás", "no te rindas, avanza", "Tú puedes hacerlo, te ayudaremos a dar el siguiente paso", "Venga, ánimo, no te pares, no te dejes vencer..".
Yo no quería defraudarles, ¡Tenía tantas ganas de dejar de llorar!, ¡Tenía tánto por lo que enpeñarme en salir del miedo, del dolor y del vacio...! Y lo intente, cada momento, con cada abrazo, sabiendo que, como me decían, la felicidad estaba allí adelante, que el futuro me esperaba. Probablemente mañana o al día siguiente consiguiera vencer... Solo hacía falta otro pasito más, y otro.. y otro.
Entonces alguien, no sé ni quién, me abrió los ojos.
Me hizo parar un momento y mirarme a mi mismo... y entonces lo vi claro.
Vi que lo que me hacia daño era una larga lanza. Una lanza de hierro que estaba clavada en mi vientre y que tenía el otro extremo fuertemente anclado en el suelo, que me estaba sosteniendo de pié, pero que, a cada paso, abría y se adentraba en mis entrañas. Y vi que, además, lo que tenía que hacer era precisamente retroceder, mirar atrás, alejarme y dejar que la terrible pulla resbalara suavemente de mi cuerpo y cayera al suelo con un sonido metálico.
Lo comprendí demasiado tarde. Había avanzado tanto gracias a su apoyo, a sus consejos y a su amor, que la punta de mi vida me había atravesado el corazón.
Espabila - me

Llevo año y pico sin pisar por este antro, alque apenas dediqué en su tiempo unas líneas. También llevo todo ese tiempo y más rellenando de cuando en cuando mi perfil de Netlog al que últimamente no he hecho demasiado caso. Pero las visitas que he hecho a bitácoras de allegados y de amigos han hecho que me replantee continuar con este sitio aunque de una forma más lineal que antes y esperemos que con algo más de fortuna. Por ello me dedicaré durante unos días a republicar lo que he ido escibiendo en la otra página durante estos años. Espero que os guste.
Mentiras a medias
"Mira, ¿sabes lo que mas odio en esta vida? La falseda'. Eso de ir con la cara sonriente de frente y, en cuanto te das la vuelta, que estén ahí run-rún, run-rún... soltándote to la bilis y poniendote a caldo. Porque yo soy una persona que voy de cara ¿sabes? Y si tengo algo que decir, pues lo digo y punto, le joda a quien le joda. Vamos... ¡pues buena soy yo...! Ahí y sin medias tintas. Y si tengo que decirte a ti ahora mismo que eres un mierda, pues voy y te lo digo y me quedo tan ancha ¿sabes? Porque lo que hay que hacer es decir las cosas y no andar con hipocresías y falsedades. Porque la falsedad hace mucho daño, que a mi me han jodido mucho en esta vida. Y yo antes no era así... que me callaba mucho, pero a base de hostias yo cambié y dije ¡Una y no más! y ahora lo que digo.. lo digo y no hay más que hablar."
Y gesticulaba y alzaba una voz con curioso deje aguardentoso y estentoreo, acompañaba también cada frase con palmetazos en las rodillas y floreos casi flamencos de bofetada simulada al aire.
Seguía hilvanando argumentos sin dejar de parlotear, anecdota tras anécdota y razón tras razón. Rehuía mi mirada serena y me hacía gestos de complicidad. Yo me fijaba en la curvatura de su boca, hacia abajo como la máscara triste del teatro, como si ese rictus - que me recordaba a alguna foto de Mussolini - remarcara de forma más tajante su diatriba.
A mi, que suelo evitar las generalizaciones, me jode que me las pongan a huevo y encotrar reflejos a su actitud en tantos estereotipos. En patios de luces de barrios obreros, entre las madonnas napolitanas, en un mercado en La Habana o las tipicas madres judías de Queens.
Y ella se lo creía; estaba compeltamente convencida de su verdad y no se daba cuenta de que se mentía.
Lo que duele, lo que hace daño, es la verdad.
Se puede vivir muy feliz rodeado de mentirosos (siempre y cuando no usen la mentira contra tu integridad) de la misma manera que hay quien vive en su particular mentira metafísica aferrada a un Diós hecho a su medida.
Pero líbreme la vida de un sincero, sus palabras sangran antes incluso de llegar a la herida.
Y gesticulaba y alzaba una voz con curioso deje aguardentoso y estentoreo, acompañaba también cada frase con palmetazos en las rodillas y floreos casi flamencos de bofetada simulada al aire.
Seguía hilvanando argumentos sin dejar de parlotear, anecdota tras anécdota y razón tras razón. Rehuía mi mirada serena y me hacía gestos de complicidad. Yo me fijaba en la curvatura de su boca, hacia abajo como la máscara triste del teatro, como si ese rictus - que me recordaba a alguna foto de Mussolini - remarcara de forma más tajante su diatriba.
A mi, que suelo evitar las generalizaciones, me jode que me las pongan a huevo y encotrar reflejos a su actitud en tantos estereotipos. En patios de luces de barrios obreros, entre las madonnas napolitanas, en un mercado en La Habana o las tipicas madres judías de Queens.
Y ella se lo creía; estaba compeltamente convencida de su verdad y no se daba cuenta de que se mentía.
Lo que duele, lo que hace daño, es la verdad.
Se puede vivir muy feliz rodeado de mentirosos (siempre y cuando no usen la mentira contra tu integridad) de la misma manera que hay quien vive en su particular mentira metafísica aferrada a un Diós hecho a su medida.
Pero líbreme la vida de un sincero, sus palabras sangran antes incluso de llegar a la herida.
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