La fiesta bendita y maldita de sangre
ya cedió ante el peso de la madrugada.
Las sombras se quiebran, aladas, huidizas
y empujan mis pasos al amor de la cripta.
Ya me encuentro ahíto, ya rezumo suero
por las comisuras de la cueva angosta
detrás quedan yertos, livianos, vacios,
los sacos de vida que apuró mi hambre.
¡Que noche gozosa de vicio y ternura!
¡que dolor sublime!, ¡Que luna de plata!
¡ah del dulce plasma, tibio en cada orgasmo!
¡salvaje sangría entre mis riñones!
Zumban en mis sienes llantos y suspiros,
lujuria y delirio, sexo, y hambre, y miedo.
Y se apagan tenues con la bruma clara
que invita al rocío a salpicar el día.
Ya abrazo mi lecho y el beso de piedra
calma progresivo la fiebre, el tropismo
la risa volcánica se vuelve apacible
y cierro mis ojos a morir de nuevo.
El olor a tierra arropará mi sueño
de rigor podrido, de frío cadáver.
Hasta que el ocaso llame nuevamente
a sacar mis dientes a brillar desnudos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario