jueves, 26 de julio de 2007

Cuando me adentro en el puto bosque

Joé, siempre lo miré desde la carretera, oscuro y sombrío como un
rincón mal iluminado. Me producía la misma sensación de desasosiego que
los burdeles de carretera o las casas ajenas. "No pienso entrar ahí" me
decía yo mismo... iluso.



Ahora voy apartando ramas y las hojas, estiletes helados de escarcha y
pino, se me meten en los ojos y sangran un poco. El suelo está en
pendiente y la tierra es blanda, por lo que resbalo de cuando en cuando
y solo los troncos me sostienen. Suerte que vine con guantes.



Allá abajo esta muy oscuro y sigue frío. Allí abajo dejaré el cadáver,
si es que este puñetero bulto se decide a palmarla de una vez. Los
restos de sangre me guiarán el camino de vuelta. Al fondo creo oír un
rumor acuoso, como de torrente o regato vivo. Me pregunto ¿por que no
tiene ombligo? este cabrón no termina de palmarla y yo sigo
estupidizado por sus paranoias.



A ver si encuentro pronto la salida, que he dejado el coche en marcha y queda mucho camino para la ciudad.



Si, queridos.. esto lo escribo para mi y mañana habré olvidado porqué.
Es mi única contribución a la posteridad de tres semanas. El que me
entienda, que me compre.

Powered by ScribeFire.

No hay comentarios: