Temblé como una hoja de papel, por dentro claro. De mi piel para afuera
hice lo posible por endurecer mis dedos y pasee mis callos por los seis
caminos largos y estrechos, atravesados por los 22 canales.
Esta tarde me he sentido bien, a veces un poco Dios, a veces algo
cohibido y en todo momento, feliz. Freddie Mercury silbó por mis brazos
su rapsodia más bohemia y se disfrazaron las voces de Fender y V-amp,
se pusieron los trajes eléctricos frente al tribunal semi inquisidor.
Mientras tocaba les vi cabecear y bisbisear los fragmentos de la obra.
La intro coral se encadenaba y se autoperseguí como una moderna fuga
unida a la dulce melodía de la balada, el solo tintieneaba y zumbaba
con su cascada de over drive y cierre supremo. El intermezzo sorprendió
con la transgresión y la transmutación de sus elementos mientras
saltaba de agudos a graves, de bajos a contratenores, y se cargaba de
energía cinética que se recogía y agrandaba melódicamente para
estallar, torrentera, en la vorágine metálica de la carretera de Brian
May. ¡Rock and Roll!
Tras el orgasmo, acaricié mi mástil, con las últimas sacudidas ligeras
y melosas de la voz y las armonizaciones orquestales de las mil y un
Red Special y el piano me dejó blandamente en el regazo de mi sueño
terminando en un redondo Fa natural.
Hoy no sé ser infeliz.
hice lo posible por endurecer mis dedos y pasee mis callos por los seis
caminos largos y estrechos, atravesados por los 22 canales.
Esta tarde me he sentido bien, a veces un poco Dios, a veces algo
cohibido y en todo momento, feliz. Freddie Mercury silbó por mis brazos
su rapsodia más bohemia y se disfrazaron las voces de Fender y V-amp,
se pusieron los trajes eléctricos frente al tribunal semi inquisidor.
Mientras tocaba les vi cabecear y bisbisear los fragmentos de la obra.
La intro coral se encadenaba y se autoperseguí como una moderna fuga
unida a la dulce melodía de la balada, el solo tintieneaba y zumbaba
con su cascada de over drive y cierre supremo. El intermezzo sorprendió
con la transgresión y la transmutación de sus elementos mientras
saltaba de agudos a graves, de bajos a contratenores, y se cargaba de
energía cinética que se recogía y agrandaba melódicamente para
estallar, torrentera, en la vorágine metálica de la carretera de Brian
May. ¡Rock and Roll!
Tras el orgasmo, acaricié mi mástil, con las últimas sacudidas ligeras
y melosas de la voz y las armonizaciones orquestales de las mil y un
Red Special y el piano me dejó blandamente en el regazo de mi sueño
terminando en un redondo Fa natural.
Hoy no sé ser infeliz.
Powered by ScribeFire.
No hay comentarios:
Publicar un comentario