Me has acompañado desde que apenas tengo recuerdos, como una presencia
constante que debía evitar y que deseaba, y deseo, con toda la
intensidad. Te veo y te noto en casi todos los momentos de la
existencia y de tu no existecia. Te anatemizo de verbo afuera mientras
te abrazo goloso y lúbrico en mis pensamientos.
Te idealizo como instrumento de poder, como germen de placer y al mismo
tiempo amargas como la hiel del miedo en la garganta, estremeces como
el frío borde de un chupitel en la boca del estómago. Quizá te anhelo
por una propiedad reflexiva. Por usarte y sentir que descontrolo y que
no todo está en orden. Y temo que el desorden me guste, me aniquile y
me desoriente (me re - oriente).
Quiza algún espíritu plano y de poco calado encuentre en este mensaje
un punto de romanticismo, incluso excitante. Lo entiendo pero no navego
a esas cotas. Seguiré llorando tu ausencia por los rincones y temiendo
tu presencia mientras tirito.
El texto lo escríbí influido por la película de David Cronenberg "Una
historia de violencia" (con Viggo Mortensen, William Hart y Ed Harris)
y trataba precisamente de mi reacción hacia la violencia como elemento
distorsionador y repulsivo al mismo tiempo que se genera el deseo
interno y oscuro del poder que conlleva, sin entrar en su dimensión
moral. La violencia como sentimiento puro, de ahí lo del "desorden".
En el propio texto, del que reconozco la ambiguedad (intencionada, por
supuesto), comento que quizá haya quien le encuentre un punto
romántico, porque relacionene mis afirmaciones con un sentimiento de
afecto o con una mujer. No hay tal. Sería una banalización de las
palabras ya que las convertiría casi todas en lugares comunes y tópicos
de los que rellenan baladas superventas.
Adquieren su dimensión y significado real si se mira desde el punto de
vista desde que las he escrito y se tiene en cuenta, por supuesto, que
es un sentimiento completamente subjetivo.
constante que debía evitar y que deseaba, y deseo, con toda la
intensidad. Te veo y te noto en casi todos los momentos de la
existencia y de tu no existecia. Te anatemizo de verbo afuera mientras
te abrazo goloso y lúbrico en mis pensamientos.
Te idealizo como instrumento de poder, como germen de placer y al mismo
tiempo amargas como la hiel del miedo en la garganta, estremeces como
el frío borde de un chupitel en la boca del estómago. Quizá te anhelo
por una propiedad reflexiva. Por usarte y sentir que descontrolo y que
no todo está en orden. Y temo que el desorden me guste, me aniquile y
me desoriente (me re - oriente).
Quiza algún espíritu plano y de poco calado encuentre en este mensaje
un punto de romanticismo, incluso excitante. Lo entiendo pero no navego
a esas cotas. Seguiré llorando tu ausencia por los rincones y temiendo
tu presencia mientras tirito.
El texto lo escríbí influido por la película de David Cronenberg "Una
historia de violencia" (con Viggo Mortensen, William Hart y Ed Harris)
y trataba precisamente de mi reacción hacia la violencia como elemento
distorsionador y repulsivo al mismo tiempo que se genera el deseo
interno y oscuro del poder que conlleva, sin entrar en su dimensión
moral. La violencia como sentimiento puro, de ahí lo del "desorden".
En el propio texto, del que reconozco la ambiguedad (intencionada, por
supuesto), comento que quizá haya quien le encuentre un punto
romántico, porque relacionene mis afirmaciones con un sentimiento de
afecto o con una mujer. No hay tal. Sería una banalización de las
palabras ya que las convertiría casi todas en lugares comunes y tópicos
de los que rellenan baladas superventas.
Adquieren su dimensión y significado real si se mira desde el punto de
vista desde que las he escrito y se tiene en cuenta, por supuesto, que
es un sentimiento completamente subjetivo.
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